Juan, al ver que el anciano no solo se apropiaba de su piedra, sino que además pretendía —enseñarle una lección—, perplejo no pudo contener su ira.
—¿Crees que por ser mayor no me atrevería a golpearte? —dijo con una frialdad que helaba por completo el aire.
Al instante, se lanzó contra el anciano con un golpe directo. Su puño impactó con tal fuerza que el viejo fue empujado varios pasos hacia atrás, incapaz de resistir el ataque.
Con un movimiento rápido y decidido, Juan alargó con fuerza la ma