Kevin se rio y le dijo al dueño de la tienda: —¡Corta, hombre! Si sale algo bueno, seguro que no te faltará recompensa alguna.
—¡De acuerdo! —El dueño, viendo la posibilidad de un buen negocio, se preparó ansioso para cortar la piedra, escupiendo un par de veces a cada lado de la mesa por suerte.
Ya con la mano sobre la palanca de la cortadora, el dueño observó las caras expectantes a su alrededor, sintiendo cómo la presión crecía cada vez más sobre él.
—Voy a empezar por las esquinas.
Las esqui