—¡Hablas demasiado! —dijo Juan, y en un instante, una descarga de energía salió de sus dedos.
Amancio, con la boca abierta, no alcanzó a decir ni una sola palabra antes de caer muerto.
—Ahora solo quedan ustedes tres.
Apenas había terminado de hablar cuando Wilfredo, con un movimiento muy preciso, atravesó el pecho de Rigoberto con un golpe de mano.
Antes de morir, Rigoberto lo miró incrédulo. —¿Te atreviste a atacarme?
Mientras Rigoberto exhalaba su último suspiro, Wilfredo retiró su mano ensan