—Lo diré… diré todo…
Ximeno, con las piernas temblorosas, cayó de rodillas al suelo.
—Todo empezó de esta manera…
Apenas comenzó a hablar, Ximeno inclinó la cabeza con brusquedad y murió en el acto.
—¡Otra vez sucede lo mismo!
Los ojos de Juan se llenaron de una frialdad inhumana.
Al parecer, los métodos del misterioso autor intelectual eran aún más aterradores de lo que él imaginaba.
Cada vez que alguien estaba a punto de revelar la verdad, moría en ese mismo instante.
La gran tragedia del ince