UN ÁNGEL PARA LA BESTIA. Capítulo 13.
Su respiración desaforada, sus límites siendo destrozados y el sabor de los besos desmedidos de Gálata hicieron que Marcelo arrancara su piel de pacífico para volver a ese instinto de adueñarse de cada centímetro de su cuerpo.
Sus dientes rastrillaron la piel de su hombro, mientras desgarró la tela que quedó en sus manos para abrir mucho más las piernas que la bioquímica sintió a punto de derretirse.
Dos dedos se deslizaron en su interior y su gemido tensó cada músculo de Marcelo, quien estab