Entre los rostro de los invitados se paseó la vista de Bartolomé Cormac, mirando a cada uno de los asistentes en búsqueda de quienes aseguraron llegarían.
La copa de licor ya no tenía el mismo sabor a victoria. En cada rincón que observó no vió absolutamente ninguno de ellos, puesto que siempre iba más de uno, como el seguro de que al estar en problemas, el otro podía ayudarlo.
Pero no había ningún Crown en la fiesta. Inclusive los invitados preguntaron más de una vez por ellos, mientras esto