Todos los servicios de emergencia fueron alertados del ataque, movilizándose con rapidez.
Ambulancias, bomberos, policías, incluso el ejército fue movilizado por el flujo de llamadas pidiendo auxilio, debido a heridas que ni siquiera podían ver, pero sí sentir.
Sara abrazó al perro, este se quejó, pero no lo soltó. Keyla se movió con el retumbar de su cabeza siendo atacada por el dolor que no se fue cuando la ola expansiva se esfumó.
Aún así fue liberada, intentando ayudarla a ponerse de pie