Joseph estuvo a punto de mandar a todos al demonio. Su enojo daba para que incluso sus hermanos se preocuparan de lo que podía hacer y causar.
Pero se contuvo. Sí de algo careció, no era control. Lo dominó a la perfección, frotó su barbilla con fiereza y se permitió pensar.
Cabeza fría, se dijo. Eso era lo que necesitaba realmente, no quedarse pensando en que la había perdido se nuevo. Porque no era así, no fue una pérdida si sabía tomar eso como una opción. Una muy buena opción, salvo que no