Me he levantado temprano, claro que no tan temprano como Edward, nunca me despierto, solo me da un besos en la frente y escribe un papel cada día.
Cuento las horas para volver a verte.
Escrito con su perfecta caligrafía y tinta fresca, sonrió como todo los días al verla sobre el mueble a mi lado y se ha vuelto una costumbre recibir una cada días desde que estamos aquí con los niños.
La mañana parece haber comenzado y dejo que los niños duerman un poco más antes de despertarlos para el desayuno,