Junio, 31
Damián.
Miro la hora en mi reloj; diez y treinta AM, la primera reunión de la mañana se ha llevado más de dos horas de mi tiempo, y encima no hemos concluido ni el ochenta porciento de la junta.
Tecleo en mi laptop enviándole las propuestas a los nueve socios que me acompañan en la larga mesa de reuniones. La mayoría son hombres entrados en edad que hablan con la misma seriedad con la que yo escucho lo que de todas formas no voy a aceptar. Recuesto la espalda de la silla, con los ojos