Salí de ahí directo al estacionamiento, pero justo cuando, iba a encender mi moto, escuché una voz:
— Súbete de prisa — Me dijo casi en susurros desde la ventana de su auto
— Ando en mi moto — Expliqué nerviosa
— No insistas, ya hablamos que debes cuidarte, no puedes usar la moto por ahora — Explicó
Indispuesta a seguir mis fuerzas me subí a su Ferrari, llena de nervios y completamente angustiada por si alguien nos miraba, él subió los vidrios del auto.
— Tranquila, ya todos se han ido — Dijo y