El suspenso flotaba en el aire mientras Thiago sostenía el anillo en sus manos, esperando ansiosamente mi respuesta. Mis ojos se llenaron de lágrimas de alegría, de emoción por todo lo que habíamos pasado juntos y por el futuro que nos esperaba.
— Sí, Thiago, sí quiero ser tu esposa — respondí con la voz entrecortada por la emoción.
La habitación se llenó de aplausos y exclamaciones de alegría por parte de nuestros amigos. En ese momento, Thiago deslizó el anillo en mi dedo y me abrazó con tern