—Leviatán, creo que ya puedes salir. —Leviatán salió del baño con el móvil en la mano y en alta voz.
—Que hable. —Ordenó alzando el aparato.
—Papá... por favor, papá... —El color de Mustafh asemejó al de un cadáver en la morgue.
—¿Qué han hecho con mi hija? —Se desesperó. —¡¿Qué han hecho?!
—Verás, siempre sospeché de ti y le hablé a Leviatán de ello, él amablemente me dio cierta información de ti y uno de sus hombres enamoró a tu hija. ¿Está en América del Sur? Sí, es en América del Sur. —