El puñetazo que recibió el hombre hizo que vomitara la saliva. Tony le propinó otro esta vez en la boca del estómago. Sin aire y adolorido, el hombre negó exasperadamente para que los golpes se detuvieran.
—¿Quién los envió? —Preguntó mirándolo a los ojos. —Te lo preguntaré esta única vez. —Antes de que Tony pudiera propinarle otro golpe más, el hombre susurró algo incomprensible. —Habla claro. —Exigió con el puño bien apretado.
—Mus... Mustafh. —Pará Tony el nombre era desconocido.
—¿Quién