—Iré por las chicas. —Jadebeth corrió en dirección al porche trasero.
—¿Por qué? —Esa pregunta lo destrozó, si tan solo le hubiera hecho caso a su intuición nada estuviera pasando.
—No lo sé. —Susurró acostándola. —Por favor, no salgas de aquí... no tardaré. —Einar salió de la habitación y se dirigió a la sala de estar.
—Dankworth...
—No. —Einar lo cortó. —No digas nada, no ahora. —Leviatán calló y al igual que los demás, solamente lo miró y comprendió el dolor en su mirada.
El desgarrador