—Claro que puedo. —Lo colocó y con una mirada depravada sonrió. —Corre, ángel, corre. —Engla con piernas temblorosas retrocedió al verlo caminar en su dirección.
—¿Quieres todo de mí? —Engla se quitó el camisón, Einar se detuvo al ver sus pezones erectos y la diminuta tanguita. —¿Realmente lo deseas? —Su voz lo enloqueció, pero no tanto como su mano acomodando la tanga.
—No juegues así Engla, prometiste resistirte, no provocarme. —La tensión en su voz la excito más.
—Es una manera de resisti