“—No... por favor... ya no me golpees. —Rogó tras recibir otro fuerte latigazo en la espalda.
—Jamás se ruega, cuando algo te duele se soporta y se busca la manera de poner la situación a tu favor. —Otro latigazo abrió la delicada piel.
—Por favor, papá... ya no me golpees más. —El niño lloró muerto de dolor tanto emocional como físico.
—¡Tengo que hacerlo, eres débil y me das vergüenza! —Otro golpe lo hizo chillar y casi desmayarse.
—Lo siento... no vuelvo a hacerlo, juro que nunca más