— Está bien mi amor, por los momentos no te angusties ni te preocupes por nada, solo quiero que nuestro bebé venga bien y tu estés relajada— dijo él— ya hablaremos después de lo que tú desees.
Ella sonrió, pero una nueva contracción la hizo emitir un pequeño grito, el médico se acercó y la revisó para confirmar:
— Ya vuestro hijo está por nacer, ¿te atreves a quedarte para recibirlo? —preguntó a Richard.
Este asintió con la cabeza y el doctor sonrió complacido; unas horas más tarde nació el