Ella lo miró con enojo y le respondió:
—¿Otra vez con eso? ¿Cual es tu afán? ¡Te dije que mientras menos estés involucrado mejor!
— ¡Quiero conocer a la dueña del vientre!— exclamó él— ¿Qué hay de malo en eso?
— ¡Que no deseo que la conozcas!— exclamó Astrid— ¡Ya tengo a la chica inseminada, está saliendo todo bien, tendrás a tu hijo, con tu sangre! ¡Deberías estar orgulloso.
— ¡Y lo estoy cariño! Está bien, quiero respetar tus deseos, pero dime porque no quieres que la conozca.
— Realment