Los días siguientes fueron un completo calvario.
Tuve que presenciar cómo Victoria y Jack le contaban a su hija que estaba realmente enferma, ella había aceptado el tratamiento y había llorado un poco en los brazos de su padre, pero al escuchar de mi parte que estaría bien si era juiciosa con la medicina, se había animado de inmediato.
Jack no volvió a presentarse en el hospital por una semana entera, no importaba cuántos mensajes le enviara o cuantas llamadas le hiciera; él no se dignaba a re