No quise seguir escuchando más, sabía que había sido suficiente, además, espiarlos no era algo correcto de mi parte.
Me di la vuelta con mis piernas temblorosas y caminé sin rumbo con mis manos heladas en los bolsillos de mi bata, sentía mi corazón acelerado y la tristeza correr por mi venas.
Era cierto, sencillamente el destino nos juntaba para separarnos, porque de alguna forma, podía ver que no lo lograríamos por mucho que lo intentáramos, simplemente no estábamos destinados a estar juntos