De repente, el pequeño guardián de madera en el bolsillo de Beltaine comenzó a agitarse con urgencia, como si quisiera comunicar una advertencia crítica o estuviera abrumado por el estrés de la situación. Era un baile frenético, una danza de pellizcos y tirones que no dejaba lugar a dudas: algo andaba mal.
La pelirroja soltó un exabrupto, frunciendo el ceño ante la insistencia del pequeño bastón. "¿Qué demonios te pasa ahora?" murmuró, sintiendo cómo el objeto golpeaba su pierna con insistencia