El agua golpeó su rostro, arrancando a Kyrios de las garras del desmayo. Parpadeó, desorientado, mientras el líquido elemento se deslizaba por su piel, devolviéndole poco a poco al mundo consciente.
Levantó la vista, sintiendo el chorro persistente de la ducha. Frunció el ceño, una pregunta retumbando en su mente. ¿Acaso se había desplomado? Vaya papelón. Había exterminado sin descanso a cada uno de esos licántropos rebeldes y despiadados que se cruzaban en su camino. Pero, ¿qué era ese hormigu