—Alfa, parece que ha hecho un esfuerzo sobrehumano para llegar hasta aquí, ¿me equivoco?
Con un gruñido bajo, Kyrios, atrapado en el umbral de su transformación, asintió con la cabeza, su mirada fija en el horizonte de su vasta morada.
—Convoca a los maestros del cifrado y a los sabios de la paleografía.
La guerrera frunció el ceño, una sombra de duda cruzando su semblante.
—¿Cómo dice, mi señor? ¿Qué asunto requiere de tal congregación?
—He hallado una marca de unión entre mates, uno que desaf