—¡¿Qué demonios?!—exclamó Beltaine, su voz era un cóctel de furia y asombro—. ¡Tienes un descaro infernal, maldita!
Melissa sonrió con frialdad, sus ojos brillando con malicia. Con un movimiento fluido y elegante, desplegó sus garras, rozando la piel de Beltaine, quien aún estaba atrapada en su férreo agarre.
—Quizás debería remodelar esa boquita tuya—susurró Melissa con un ronroneo amenazante—. Después de todo, soy cirujana, y te aseguro que mi sutura será una obra de arte. Será un alivio para