Capítulo 29

Isabela

Resignada a mi fatídico destino, dejo de luchar. Cuando Eduardo cae al suelo, cierro los ojos y recuerdo lo que una vez mamá mencionara. “Un hombre tiene más fuerza, si luchas para evitar lo que ya es evidente, solo conseguirás que te hagan más daño”

Es verdad, forcejar antes solo me ha causado jalones, manotazos y besos asquerosos. Estoy sujetada de manos y pies cuando aquel sujeto se posa sobre mí, cierro los ojos volteando la cara a un la
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