Tras andar durante la noche y parte de la mañana, finalmente Damien y Azabach visualizaron las murallas de Marfillius. En todo el camino, la joven nómada tuvo que esforzarse por no desmayar de agotamiento, ya que no quería que ese hombre la abandonara en medio de la nada. Al ver que estaban cerca de su destino, exhaló.
—Finalmente, me trajiste a este lugar. ¿Podemos descansar un poco? Me duelen los pies.
Su queja fue ignorada por Damien, que respondió fríamente.
—No tengo tiempo que perder, s