Ante la pregunta, Damien inmediatamente aceptó y Selina dejó que ambos entraran a su casa. Cuando se encontraron en la sala, ellos tomaron asiento, mientras su anfitriona se dirigió a la cocina.
—Casi no suelo recibir visitas, así que solo les puedo ofrecer un poco de jugo de naranja, ¿gustan? —ofreció amablemente.
—¡Nos encantaría! —respondió rápidamente Azabach, manteniendo el buen humor para evitar levantar sospechas.
En tanto, Damien no dijo nada y se mantuvo alerta esperando a que la ama