Adeline entró a la biblioteca y, tras acordar con el encargado de que estaría allí el resto la tarde y se encargaría de cerrar al anochecer, finalmente pudo disponer del espacio para estudiar con tranquilidad todo lo relacionado con el imperio de Mont Risto.
«Ya que el autor se encargó de satisfacer mi mente cochambrosa, pero no me instruyó sobre la situación política de este país, ahora tendré que investigar por mi cuenta para no quedar como tonta la próxima vez», pensó la emperatriz mientras r