—Es una broma, ¿verdad? —señaló Gérard con incredulidad.
Ashal resopló con malestar al ver que su amigo no comprendía su situación y replicó enfadado.
—¿Cuándo he bromeado contigo?
Como el emperador lucía serio, Gérard intentó aguantar la risa y respondió:
—Nunca, pero… me parece increíble que digas algo así.
La actitud de su merolico asistente enfadó más a Ashal, que volvió a su trabajo para no seguir hablando más del tema. Al ver que su amigo se había enfadado con él, Gérard se disculpó