Posterior a su encuentro con Azabach, Damien se sentía confundido con lo que había ocurrido la noche anterior, cuando ella besó la palma de su mano e hizo que volviera la sensibilidad en sus dedos. Por otro lado, estaba el hecho de su vergonzosa súplica para impedir que ella se marchara de su lado.
«¡Maldita sea! ¿En qué rayos estaba pensando cuando le dije esas cosas? ¡Soy un estúpido! Ni siquiera tenemos una relación cercana», pensó irritado, desahogando su ira contra las sábanas.
Como no q