Ashal había percibido la extraña presencia, pero antes de poder reaccionar, quedó atrapado en el imponente poder y solo pudo ser testigo de la plática que tenía con su esposa.
«¡Maldita sea! ¡Es esa deidad! ¿Por qué no puedo moverme? ¡Necesito hablar con él!», pensó desesperado.
No fue sorpresivo para él cuando ese misterioso ser le respondió, al mismo tiempo que seguía charlando con Adeline.
—Solo te permito que veas, no interfieras.
Después de esto, Ashal sintió una terrible descarga eléc