Al anochecer, Adeline se dirigió al comedor para cenar con su marido. Como aún no tenía noticias de sus asistentes, se sentía ansiosa por saber si ellas habían conseguido el “encargo”. Mientras caminaba, se dirigió a Annie.
—¿Sabes algo de Ina y Genie?
—Aún no, mi señora. Hace más de tres horas que salieron y siguen sin regresar —respondió la angustiada mujer.
—¡Ains! Esperaba que ellas ya hubieran regresado antes de la cena —añadió con desánimo.
Después de esta breve charla, la emperatriz y su