Cuando llegamos a casa, Lucía me dijo en voz baja. Y en un momento e se giró silenciosa y vio a Matías llorando muy tristemente.
La expresión de Lucía fue un poco inquieta. Tal vez nunca había visto a un adulto llorar de esa manera Le contesté sonriendo.
—¿Lucía, qué quieres comer por la noche?
Los niños se consuelan fácilmente. En cuanto mencioné la comida, Lucía olvidó por completo lo que acababa de decir y discutió con entusiasmo conmigo sobre qué preparar para la cena.
Mientras entraba a la