Capítulo 5
En esos años después del terrible incendio, viví como un ser sin alma.

Apenas volví a la realidad, me di cuenta de que mi espalda estaba empapada de sudor.

En ese momento, un carro se detuvo frente a mí. Cuando la puerta se abrió, vi el rostro de Matías. No cerró la puerta del carro, sino que se acercó directo a mí y me preguntó si estaba herida.

—Escuché que hubo un incendio aquí. Vamos, te llevaré al hospital.

Matías olvidó de pronto las formalidades y me agarró la muñeca. Lo aparté con fuerza
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