Mauricio
Sus manos están puestas en mi rostro mientras que sus piernas continúan enredadas a mi cintura, de esta forma confirmo que soy una vez más prisionero de sus encantos. Ella me mira y muero de la ternura al verla decidir de qué manera le es más fácil complacerme, no sabe si empezar por mi cuello o simplemente volver a mi boca para que continúe deleitándome con sus besos.
—Con la yema de mis dedos acaricio sus labios — quieres que te enseñe, una de las cosas que gusta durante en el sexo —