Nancy se paseaba de una punta a la otra del departamento de Amy. Se le había formado un nudo en el estómago, la bilis se arremolinaba en la garganta y el llanto no la dejaba tranquila. Sabía que, en cierto modo, se estaba comportando de forma un tanto exagerada, pero no lo podía evitar: Amy Carter era más que su amiga, era una hermana de la vida.
Pero, ¿y si le había sucedido algo malo? «No», se dijo, cortando sus pensamientos en seco. No podía permitirse pensar de ese modo. Amy estaba bien. Sí