Adam se adentró a la oficina que le había otorgado a su hijo, la misma que antaño había ocupado Denise, antes de que decidiera seguir trabajando desde casa, y frunció el ceño al ver como su hijo preparaba su maletín.
—Así que es cierto —dijo, cruzándose de brazos y sonriendo de lado.
—¿El qué? —preguntó Brendan, alzando la mirada por un segundo, antes de continuar guardando unas cuantas carpetas que tenía sobre el escritorio.
—Me dijeron los inversores que decidiste adelantar las reuniones del