–M-muchas gracias–al entrar el señor cierra la puerta y le pone seguro.
–Desvístete, rápido–ordena con voz demandante.
–¿P-pero que le pasa?
–Tengo que comprobar algo.
–No, no señor usted está mal–digo retrocediendo mis pasos.
–¿Cómo dijiste?–se acerca a mi desafiandome.
–No, él dijo nada.
–Entonces ándate y quítate la ropa–obedezco al hombre y me quito la ropa de manera rápida, quedando en sostén y pantis, el me examina y toca mi cuerpo de manera brusca, como si estuviera buscando algo.
–¿Qué