—Déjame bastardo—sacudo mi mano para zafarme de su agarre.
—Te lo dije, pedazo de estúpida, como a Maritza le pase algo, juro que te—detiene sus palabras y aprieta su mandíbula y luego prosigue—te daré tan duro hasta hacerte llorar.
—Haz lo que quieras, además tú pequeño miembro ni siquiera cosquillas me dio—el frunce el ceño y me aprieta la muñeca para después acercarme a su torso.
—Así, eso lo veremos pequeña diabla—se echa a reír maliciosamente.
Espera el me ha sacado de aquel cuartito ósea