48. CONTINUACIÓN
El señor López miró que su impecable traje ahora estaba arruinado. Pero al ver la angustia en el rostro de Sofía, su enojo se disipó para asombro de todos los trabajadores, que estaban seguros que la despediría por lo menos.
—No te preocupes Sofi, fue un accidente —dijo con tono afable—. Vamos, te acompaño a que pidas otra comida. Dijo quitando su saco, y dejando ver su bien formado cuerpo en solo una camisa azul cielo como los ojos de Sofía.
Sofía lo siguió cabizbaja a la barra, sintiéndose