Capítulo 36

Catalina Abrego

-¡Mi pequeña Catalina!, ahora eres mi esposa –Escucho su voz que murmura sobre mi cuello mientras desciende despacio degustando cada centímetro de mi piel.

Nuestros cuerpos están a punto de convertirse en uno. Mi respiración se detiene en mi garganta entre mis jadeos, respondiendo a sus atrevidas caricias. Pasea sus enormes manos perfilando mis caderas sobre mi ropa concentrado en devorar mis labios.

Esta noche…después de salir rumbo a un destino desconocido terminamos en el
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