Catalina Abrego
-¡Mi pequeña Catalina!, ahora eres mi esposa –Escucho su voz que murmura sobre mi cuello mientras desciende despacio degustando cada centímetro de mi piel.
Nuestros cuerpos están a punto de convertirse en uno. Mi respiración se detiene en mi garganta entre mis jadeos, respondiendo a sus atrevidas caricias. Pasea sus enormes manos perfilando mis caderas sobre mi ropa concentrado en devorar mis labios.
Esta noche…después de salir rumbo a un destino desconocido terminamos en el