Catalina Abrego Stuart
—¿Qué te dijo? —me pregunta Eliza apenas salgo de la sala de interrogatorios. Ha estado esperándome junto a la puerta y la preocupación en su rostro es evidente—. ¿Es algo malo?
—Ella sigue insistiendo en que Cristina es hija de mi marido —respondo con cansancio—. Según Helen, tiene pruebas de ADN que lo demuestran.
—¿Pruebas de ADN? —bufa con incredulidad—. Seguro son falsificaciones. No me dirás que crees en sus patrañas.
Niego despacio.
—No. Hace años entendí que todo