Mariana Carbajal
El gesto es mínimo. Casi imperceptible.
La mirada de Denn se clava en mi mano sobre mi vientre, y algo en su expresión cambia. No es sorpresa… es reconocimiento. Como si una pieza encajara en su mente sin que nadie se lo haya dicho.
Levanto la mano de inmediato, demasiado tarde. El silencio entre nosotros se vuelve denso.
—Mariana… —su voz baja, más grave—. ¿Qué está pasando?
Niego suavemente, forzando una pequeña sonrisa.
—Nada, ¿por qué preguntas?
Denn no se mueve. No aparta