—Leo, toma asiento —le indicó su jefe en cuanto entró a su oficina—. Leí tu mensaje, pero me gustaría que me cuentes lo que sucedió.
Leo se sentó frente al escritorio de su jefe y empezó a hablar. Debería haber llamdo a su jefe durante el fin de semana para darle los detalles del ataque de Annalise, pero se había limitado a enviarle un mensaje corto, al igual que a sus compañeros de equipo para alertarlos, luego había centrado su atención completa en mimar a Antonella. Incluso si ella parecía