Antonella intentó persuadir a Leo de que la esperara en el auto con la promesa de que no tardaría demasiado; sin embargo, antes de que se diera cuenta, él ya estaba afuera del vehículo, abriéndole la puerta.
—Necesitarás ayuda para cargar con tus maletas —explicó él, tomándola de la mano.
—¿Cuántas maletas crees que me llevaré conmigo? —preguntó, conteniendo una sonrisa.
—No lo sé, pero no quiero que dejes nada porque no puedes cargar con ello.
Antonella casi se derritió encantada ante sus pala