Leo permaneció en su lugar al ver a Antonella ponerse de pie de un salto, aunque intuyó, por la tensión en sus hombros, que ella saldría corriendo en cualquier momento.
—No, no hay nada de qué hablar.
—Te equivocas, pequeña. Hay algunas cosas que aclarar sobre el pasado.
—¿Qué sentido tiene? —preguntó Antonella, desafiante, aunque por dentro se sentía un manojo de nervios. No quería escucharlo decir en voz alta lo que ya sabía, que no había sido más que una aventura de una noche. Eso destroza