«¿Cómo puede ser tan malditamente cínica?»
Fue lo primero que le pasó Leila en su fuero interno, sintiendo que una ola de sangre hirviendo le subía desde el pecho directo a las sienes.
Los puños se le cerraron ocultos tras el mostrador de madera, y los nudillos se le pusieron blancos por el esfuerzo de no saltar sobre la mujer.
Leila había visto a Mike varias veces desde que recuperó su libertad, y aunque cada encuentro había sido una batalla de egos y tensiones, estaba psicológicamente prepar