54. La eterna confusión
----PUNTO DE VISTA [Narrador]----
— Soy yo, Isabella, no te asustes, soy yo —Maximiliano alzó las manos en son de paz— Déjame ayudarte.
Isabella estaba a punto de ahogarse con su propio vomito por el susto provocado por este hombre. Como pudo le hizo señas para que le pasara un vaso de agua, necesitaba enjuagarse la boca y quitarse eso.
— ¿Estás bien, Isabella? ¿Llamo a un doctor?
— Qué estás haciendo aquí, Max. ¿Cómo es que has entrado? ¿Cómo sabes donde estoy siempre? Esto no es una casual