La espada cortó la piel haciendo que la sangre manchara de carmín todo el crudo blanco que los rodeaba y torturaba. La neblina dolorosa que salía de las bocas de los soldados parecía interminable, así como los días de lucha constante y sus esperanzas de volver.
Lyon retrocedió un paso jadeando, casi sin aliento. Sus brazos dolían, sus manos temblaban, sus dedos casi azules allí donde los guantes se habían desgastado tras empuñar la espada tanto tiempo. A sus pies, varios cuerpos muertos ya ni s